diciembre 10, 2010

Infrasonía 62

Epicentro, oleaje.
Palabras de fondo que se tiñen de espuma.
Colores vivientes, danzando en mis perceptivos y lastimados ojos.
Sonidos en el aire que traspasan las barreras de tiempo.
Concluyo que he muerto, porque no se puede estar tan bien en vida.
Concluyo, que duermo, que no se puede ser tan feliz despierta.

La vida, un lapsus. Una palabra fea.
La vida, un pestañeo, una sala de estar antes del portal de lo absoluto.

Bajo el sol, cuarenta uñas, sosteniendo con fuerza la arena que nos sepulta.
Temporal y resistencia.
Cavilaciones e ideas de otro lado.
De fondo, pájaros que conversan, sobre como estuvo la pesca, sobre como estuvo el día.

Lo siento, no soy poeta.
Lo siento, mis palabras simples se repiten siempre.
Escribo sin ganas, pero sólo cuando quiero hacerlo.

¿Propósitos? No tengo.
Me espantan las tardes color rosa, me aterriza tu puño apretado.
Me pierdo, lo tengo claro.
En mis rumiaciones me acuesto, me duermo pensando en cualquier cosa.
Conservo, las partículas que se quedaron incrustadas entre mis cosas.

diciembre 06, 2010

Infrasonía 61

Mi frágil estado de salud me digitaliza en estos momentos, me inmortaliza en binario para cuando, sin darme cuenta, me muera sin que nadie me odie.
En esta materialización de ideas que tosen sangre en mi cabeza, no logran que mi cuerpo se enferma, porque se afiebró mi mente inquieta un segundo antes, precoz impulso irresponsable. No me tocan las malas noches, las reemplazo por el abandono en las letras, por el sonido de las teclas sin punto aparte.
En este fragmento espacial tengo armas de fuego, cuchillos y camino con un metálico sonido industrial a mis espaldas. Tengo la piel más fría que de costumbre y fumo más cigarros que de costumbre... soy más nostálgica que de costumbre y al mismo tiempo más frívola que de costumbre.
En este estado mayor, que suprime a mi yo encarcelado, no noto la ausencia de control, no soy humana, soy verdugo.
Mis músculos no se mueven ante la huída de nadie, porque de nadie depende mi euforia egoísta.
No me alcanzan las palabras.
¿Qué tan profundo puedo entrar en la madriguera del conejo?

diciembre 03, 2010

Infrasonía 60

Hace tanto tiempo que no veía morir la tarde.
Hace tiempo que no me abandonaba a los placeres inocentes de una tarde sin prisas, que sé yo, leer un libro tirada en la cama, dejándome envolver por la romántica historia, dejando que las páginas me acaricien la cabeza y me escalofríen la espalda, cerrando los ojos para imaginar mejor. Descalza y despeinada, con la cabeza hundida en la almohada. Tomar un té de naranja mientras el sol se filtra por el visillo de mi ventana, dejar que mis párpados carguen su propio peso y me nublen y me nublen y me nublen.
Mirar por la ventana y pensar en otra cosa, dejar atrás la tristeza (pero no tanto) embriagarme con la muerte de esta tarde solitaria, desaparecer de mi cerebro y de mi mapa, encontrarme sola con la mitad de una sonrisa estampada en mi cara.
Dejar fluir música y verla flotar por mi habitación, como una nube aromática, como un vapor que me eleva, me mantiene abrigada y adormecida.
Me abandono a esta tarde, entre luces brillantes y hermosas sombras. Entre suerte y literatura. Entre brebajes y canciones.
Entre ese espacio que existe entre el sol y el horizonte.

noviembre 27, 2010

Infrasonía 59

Una estrella roja cayó por tus ojos y se enterró en mis dedos, ahora me incendio a causa de bola de fuego que llovió de tu cara. Déjame sin manos porque no me sirvió gritar fuerte.
Una bomba atómica que saltó de tu boca, explotó en mi oído y ahora aunque estoy sorda, no puedo evitar escuchar como se rompió todo en mi cabeza. Déjame muda para no poderte matar.
Un cabello sólido dejó huellas en mis muñecas heridas, era una filosa prueba de tu potencial de asesino, me desangré varias noches y continué con vida porque un sol que se escapa por debajo de tus uñas se adhiere a mi piel, sanando algunos golpes.
Una laguna profunda en la que me caí sin darme cuenta me ahogo unos segundos, logrando hacer que mi cuerpo se desesperara ante la promesa de la inevitable muerte.
No eran lagunas, eran dos ojos, aparentemente tuyos. No me caí, salté al desafío y ya no me ahogo, floto y descanso en una isla privada, veo el paisaje desde este trozo de espacio, veo el infinito cielo, morado de tantas estrellas, veo la Luna desintegrarse en el futuro. Veo al sol evaporando los mares y veo el silencio lamentándose con las rodillas en el pecho. Veo aves caer muertas y perros comer cadáveres humanos, veo insectos que no había visto antes. Veo el fin de todo aproximarse con dulzura e inquebrantable voluntad, pero sonrío de todas formas, me encuentro de espaldas al vacío, inmersa en tus ojos que son lagunas, que llueven estrellas rojas que se revientan y manchan mi pecho jamas arrepentido.

noviembre 23, 2010

Infrasonía 58

Y como no me siento culpable sólo pienso que no es mi culpa no tomarme nada muy en serio, no es mi culpa gastarme la vida en gritos.
Porque aunque pienso ser fuerte nunca lo dije en voz alta. No es mi culpa que mis pupilas se desvanezcan como argollas de humo, no me culpo de a veces querer correr muy lejos.

No es mi culpa que mis lágrimas de vayan al mar y que siempre deje que las personas miren a través de mí. No es mi culpa que me corten tantas veces de escena.

(Pero es como si te parecieras a mí esas veces, en las que me siento caer sin fondo, en las que siento que no sé de dónde realmente vengo. [entonces acepto que eres como yo y que no existo sólo para mí])

No es mi culpa que los días me boicoteen siempre, no es mi culpa que las nubes siempre me digan que lloverán sobre mi cabeza algún día, que el sol, descuidado me confiese sus ganas de quemarme desde dentro.
No es mi culpa que mis ojos no confíen en ningún dios.
No es mi culpa recordar siempre sólo las veces en las que he estado tan mal.

NO es mi culpa ir de cacería de mi propia alma.